Críticas de Cine. 'Rogue One. Una historia de Star Wars': estupendo revulsivo

Póster de 'Rogue One: una historia de Star Wars'

El Imperio Galáctico ha terminado de construir el arma más poderosa de todas, la Estrella de la muerte, pero un grupo de rebeldes decide realizar una misión de muy alto riesgo: robar los planos de dicha estación antes de que entre en operaciones, mientras se enfrentan también al poderoso Lord Sith conocido como Darth Vader, discípulo del despiadado Emperador Palpatine. Film ambientado entre los episodios III y IV de Star Wars.

Salvo Warsies militantes, el público en general piensa lo siguiente de la saga (ahora franquicia) galáctica: los episodios IV y V son maravillosos, el VI tiene sus momentos, las precuelas se olvidan con facilidad y 'El despertar de la Fuerza', es un magnífico (pero nada novedoso) remake de 'La Guerra de las Galaxias'.

Por tanto, a la hora de expandir los territorios ya conocidos y dar nuevos aires a la Rebelión, resultaba imprescindible innovar, alejándose un poco de los cánones mil veces vistos.

Pues bien, 'Rogue One', busca echar tierra de por medio con la saga madre, adquiriendo su condición de spin-off también en las formas, acertando de pleno en momentos puntuales (atentos a la ambientación y la fotografía), y fallando estrepitosamente en otros.

Conviven dos películas claramente diferenciadas: durante el primer y segundo acto  asistimos a un jaleo de turismo galáctico y tormentas paterno-filiales, donde solo brillan con luz propia Felicity Jones y Diego Luna (un terrorista con remordimientos), líderes de un Escuadrón multicultural de secundarios de enorme potencial, pero apenas dibujados, salvo notables excepciones (Donnie Yen y el implacable villano encarnado por Ben Mendelsohn).

Los peores tics de la saga afloran aquí: humor idiota, exceso digital (pobre Peter Cushing ¿tanto costaba omitir el personaje o buscar a otro actor que diera el pego? ¿No aprendió Disney con el monigote digital de Jeff Bridges en 'Tron: Legacy'?), planetas y más planetas y más planetas y más planetas (un nombre chulo no hace un planeta. Una pose cool no hace una cultura); el trooper y sus mil versiones como epítome de soldado inepto, el dichoso robot molón y sus chascarrillos... demasiadas fichas desplegadas en un tablero inestable.

Pero el bendito tercer acto, donde milagrosamente convergen los acontecimientos, es sin duda lo mejor que hemos visto en la gran pantalla desde 'El imperio contraataca'. Semejante traca final reivindica a 'Rogue One', su director, guionistas, elenco y equipo técnico.

El 'normando' desembarco es puro cine bélico, la batalla espacial nos mantiene en vilo; un Darth Vader (por fin) aterrador pone los pelos de punta, los guiños al fandom y variados cameos suman, el retumbar musical de la banda sonora de Michael Giacchino brilla; Jyn Erso se crece, disputando con Leia y Rey el trono a la mejor heroína galáctica; el círculo se cierra, llenando los huecos entre los episodios III y IV, con un final donde solo nos quedará aplaudir y agradecer el viaje.

Todo en el desenlace es una delicia para amantes del cine espectacular, y un paso adelante tras el revival del episodio VII.

Lástima que el tono del clímax no se desplegara durante todo el metraje. De ser así, en el firmamento del fantástico reinarían en paralelo dos entregas de Lucasfilm: 'El imperio contraataca' y 'Rogue One'.

Quizás en el Episodio VIII o la aventura de Han Solo en solitario absolutamente todo encaje y Star Wars vuelva donde debe estar, y en 'Rogue One' se ha acercado: a la altura de su mítico legado.

Lo mejor: el tercer acto, una auténtica genialidad.

Lo peor: la recreación digital de dos iconos, no les hace justicia.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

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