domingo, 21 de agosto de 2016

Críticas de Cine. 'Star Trek. Más allá': músculo galáctico

Póster en español de 'Star Trek: Más allá'

El USS Enterprise, la nave insignia de la Flota Estelar liderada por el capitán James T. Kirk (Chris Pine), vuelve a surcar el universo para asegurarse de la protección de la Tierra y del resto de planetas aliados. Pero la tranquilidad durará poco y el peligro acecha. La primera etapa de su misión les llevará a un territorio desconocido, y su travesía de vigilancia pronto se convertirá en una carrera por la supervivencia espacial cuando se enfrenten a un nuevo y fiero enemigo, Krall (Idris Elba), una especie alienígena avanzada. Para frenar sus siniestros planes, Kirk deberá reunir a su equipo y usar todo sus recursos para resolver los desafíos a los que se enfrentarán. A la vez que intentan encontrar el modo de volver a la Tierra, su misión será proteger el futuro de la raza humana y preservar la armonía entre especies...

Cuando J.J. Abrams cambió las reglas del juego en 'Star Trek (2009)', reiniciando la franquicia vía Universo alternativo, los trekkies de toda la vida que no comulgaran con el sectarismo anticiparon una consecuencia inevitable: a partir de aquí, la venerada saga no volvería a ser la misma, caminando por excitantes territorios desconocidos.

Tras la magnífica 'Star Trek: En la Oscuridad' (la mejor hasta la fecha), Abrams soltó el sillón de mando en favor de Justin Lin, un pez en el agua cuando los acontecimientos discurren a toda velocidad, la acción se desmadra y proliferan las mil y una maneras de mover la cámara para que el público se empape de la aventura.

'Star Trek: Más allá' supone un punto de inflexión en el viaje del U.S.S. Enterprise.
Desprovista de toda la parafernalia visual y alardes técnicos (que tiene muchos, y muy buenos), bien podría ser un episodio ligero y jocoso de la serie clásica, con momentos puntuales donde la trinidad Kirk-Spock-McCoy tira de genio, carisma, optimismo, valores y desbordante humanidad.

La cinta de Justin Lin se beneficia en los momentos íntimos del guión de Simon Pegg (aquí un Scotty algo pasado de vueltas), declarado Trekkie y guionista dotado, y el buen hacer de Chris Pine, Karl Urban y un sobresaliente Zachary Quinto.

Cuando Spock, Kirk y McCoy se ponen serios (o cómicos) e interactúan entre ellos, la película crece, capturando intacta la esencia de lo que convierte a 'Star Trek' en una saga imprescindible para todo amante del género.

Es en estos momentos cuando 'Más allá' despunta, erizándonos los cabellos: el monólogo interior de ese atribulado capitán paseando por su nave; el ¿imperturbable? Vulcano que ve cómo su vida llega a una encrucijada; el Doctor que, pese a todo su sarcasmo, lleva la amistad, compañerismo y el firme juramento hipocrático hasta las últimas consecuencias.

La esperanza, la exploración, la inquietud humana, los lazos que nos unen y nos hacen fuertes, la infinita diversidad en infinitas combinaciones... todo está presente en la cinta, en las dosis correctas para no lastrar lo que, al final, es un Blockbuster de tomo y lomo.

En esta segunda vertiente, la del entretenimiento puro y duro y el 'cuanto más, mejor', 'Más allá' cumple con creces, derritiéndonos las retinas vía imaginación visual, derroche de medios y un diseño de producción elefantiásico.

Los adictos a la saga  y a la ciencia-ficción alucinarán con el vuelo del Enterprise entrando en la Yorktown (hasta aquí puedo escribir), entre otros muchos momentos de auténtico éxtasis.

Pero no es oro todo lo que reluce.

El villano de la función juega en la Liga de los más flojos de la Saga, pese a sus implacables métodos y la siempre agradecida presencia de Idris Elba; el calado y la profundidad característicos de 'Star Trek' se ven atenuados en favor del espectáculo; Chekov, Sulu, Scotty, la recién llegada Jaylah y Uhura pagan el pato de un metraje ajustado, viendo sus personajes reducidos a mínimos; mucho de lo que ocurre está cogido con pinzas, aunque muy bien cocinado para que nos lo comamos... y pidamos más.

'Star Trek: Más allá' no es perfecta, y todo buscador de tres pies al gato encontrará errores sobre los que despotricar.

Con sus luces y sus sombras, en lo que llevamos de año no hemos visto una aventura tan electrizante, divertida, apasionada, buenrollista y musculada como ésta.

A la espera de la nueva serie 'Star Trek: Discovery' y el ya anunciado cuarto film, podemos asegurar una cosa: estamos de enhorabuena, pues este Enterprise y su tripulación, tienen pasión para llegar con audacia donde nadie ha podido llegar.

Lo mejor: cien minutos asegurados de diversión sin paradas y auténtico espíritu Trek.


Lo peor: los secundarios, cegados ante el fulgor del trío protagonista.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

lunes, 15 de agosto de 2016

Críticas de Cine. 'Cazafantasmas': estrógenos sí, pero...

Póster en español de 'Cazafantasmas'

Treinta años después de que la película original arrasara en todo el mundo, vuelve CAZAFANTASMAS, totalmente renovada para las nuevas generaciones. El director Paul Feig combina todos los elementos de la lucha paranormal que tanto gustaron en la franquicia original con un reparto de nuevos personajes interpretados por las actrices más divertidas del momento.

Abundan las comedias icónicas producidas durante los gloriosos 80. Entre ellas, probablemente, 'Cazafantasmas' y 'Regreso al futuro', sean las más recordadas, y mejor consideradas.

Por tanto, afrontar el remake de la primera supone un problema añadido, al combatir contra un legado sentimental que ha calado hondo en la audiencia que ahora roza la cuarentena.

Pues bien, lo primero es lo primero: la revisión de Paul Feig no va a arruinar el recuerdo de Murray y compañía; tampoco establecerá un nuevo paradigma en lo que a comedias fantásticas se refiere.

'Cazafantasmas' solo pretende divertirnos durante hora y media, sin mayores pretensiones. Nos aguarda una dosis masiva de buen rollo, cierta noñería y aires bobalicones, todos conscientes e intencionados.

Mal que les pese a los haters... la aventura divierte de principio a fin.

El cuarteto protagonista exuda química: grandes actrices (y el Kevin de Chris Hemsworth, autoparódico, entrañable... imbécil. El ejemplo perfecto de 'discriminación positiva inversa') en estado de gracia que dan lo mejor de sí para que el espectáculo no decaiga. Ni rinden homenaje, ni parodian a los cazadores primigenios.

Son ellas mismas.

Los fallos del film nada tienen que ver con los estrógenos.

Pese a su inagotable inventiva, la acción, el colorido, los casi siempre acertados sketches... 'Cazafantasmas' se olvida nada más verla.

Si el clásico ochentero perdurará en nuestra memoria, y seguiremos riendo como locos  recordando a Rick Moranis y su Guardián de la puerta, no hay en la cinta de Paul Feig momentos imborrables.

El villano es un cansino inadaptado que da menos miedo que un Pokemon; la banda sonora acompaña, mas no enriquece; los cameos son divertidos, pero habitan muy lejos del nivel 'Stan Lee'.

Se nota la pasión, la implicación, el esfuerzo, la contagiosa alegría del reparto y el equipo.

Como bienvenido desahogo veraniego/reinicio, las nuevas Cazafantasmas merecen el precio de la entrada.

Sin embargo, el Olimpo de las 'Comedias para siempre', se nos antoja (por ahora) inalcanzable.

Lo mejor: las protagonistas y su Secretario.

Lo peor: se olvida con facilidad.


Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

domingo, 7 de agosto de 2016

Críticas de Cine. 'Escuadrón suicida': la hipocresía de Warner

Póster de Escuadrón Suicida

Qué bien sienta ser malo… Reúne a un equipo con los más peligrosos y encarcelados Súper Villanos, pon a su disposición el arsenal más poderoso del gobierno, y envíalos a una misión para derrotar a un ente enigmático e invencible. La oficial de inteligencia de EE.UU. Amanda Waller ha creado un grupo secreto que reúne a individuos diversos y despreciables que no tienen nada que perder, y que servirán perfectamente para la misión. Sin embargo, una vez se dan cuenta de que no habían sido escogidos para triunfar, sino por su evidente culpabilidad cuando fracasen de forma inevitable, ¿decidirá el Escuadrón Suicida morir en el intento o será un “sálvense quien pueda”?

Primero, despejemos la duda principal: 'Escuadrón Suicida' es una experiencia cinematográfica más satisfactoria, divertida y coherente que 'Batman v Superman'.

Lo que no significa, en absoluto, que hayan dado en el clavo con la adaptación, pues aqueja de un buen número de problemas que se cimentan sobre un triste pilar: en Warner Bros Pictures son unos hipócritas.

Tanto hablar de las enormes diferencias entre ellos y Marvel, de la seriedad de sus héroes, de ese largo etcétera con que actores, cineastas y mandamases de la casa atizan a su competidora directa sintiéndose superiores... para luego pervertir lo que haga falta, con tal de hacer la caja que hace Marvel con las fórmulas de Marvel (aunque en modo amateur), y nada más.

'Qué bien sienta ser malo'; ' lo peor de lo peor'; 'los peores héroes de la historia'.

Así nos han vendido con la inmensa campaña de publicidad la incursión en la gran pantalla del Escuadrón Suicida... un sinfín de eslóganes y creatividades enfocadas a pensar que, en esta ocasión, Warner soltaría la correa a David Ayer y el director tendría la oportunidad de hacer la película violenta, oscura y gamberra que una panda de malnacidos merece.

Nada más lejos de la realidad.

'Escuadrón Suicida', ladra pero no muerde. Y no lo hace porque Warner y su hipocresía tienen demasiado miedo de presentar a unos tipos que destilan locura y maldad sin filtros, pero también un inagotable carisma que, siendo fieles al material original, desembocaría en la genial película que pudo ser, y no fue.

Tras un prólogo muy interesante (excelente en el apartado musical), donde Ayer se toma su tiempo en presentar a algunos componentes del Escuadrón mientras otros se quedan en meros bustos parlantes a los que matar desperdiciando recursos (no te molestes en fichar a la élite de lo peor, Amanda Waller, si vas a eliminarla de la forma más tonta posible), la película se desinfla como un globo perdiendo helio.

Desde el inicio, contemplamos con suma tristeza cómo la Major cercena a varios personajes perfectamente definidos en los cómics, en favor de no ganarse una calificación por edades que les limite el recorrido taquillero, o herir el hipertrofiado ego de la estrella de turno.

O eres lo peor de lo peor... o no lo eres.

El Deadshot de Will Smith no es Deadshot, sino Will Smith y su imagen de marca embutidos en el uniforme de Deadshot. Cuando el personaje se adapta a la estrella, padecemos a un buen y carismático actor desvirtuando un papel que es oro puro, para que nadie le acuse de carecer de corazoncito y ser un papi asesino chupiguay.

Este Deadshot es tan improbable, y hace tanto daño a la película, que entre otras cosas tiene su 'momento Martha' tan simplista y vergonzoso como el protagonizado por Batman y Superman: cambiar de parecer porque un tipo al que odias te guarda las cartas que te escribe a diario (con dibujos y todo), tu hijita. ¡Menudo esfuerzo!

Mientras que Harley Quinn es de lejos la mejor de la película (la inmensa Margot Robbie se hace con el personaje, comiéndose al resto del reparto), la ya mencionada hipocresía de Warner y un montaje maltratado por las manazas del estudio, convierten la relación entre esta y el Príncipe Payaso en una historia de amor sincero pero enfermizo, y no en un vínculo de pura violencia y amor malentendido entre el maltratador y la maltratada, que es la base para entender la dinámica de la pareja en su referente comiquero.

En este cobarde cambio de rumbo, el otro gran personaje del show, el Joker de Jared Leto, pierde entidad y presencia en pantalla.

A estas alturas pocos dudarán del trabajo actoral de Leto. En los escasos siete minutos en los que aparece, maltratado también por el nefasto doblaje de la versión española, se saca de la manga un par de impactantes escenas para el recuerdo, cien por cien Joker. Sin embargo, la sensación final es de un trabajo inacabado (al parecer, ocultado por el estudio, pues se filmó mucho metraje extra), y un Joker más cercano al Payaso que al Príncipe.

El resto del elenco tiene sus momentos de lucimiento, pero en el dibujo de los personajes impera el trazo grueso. Además, se desperdicia el enorme potencial de la mayoría (El Diablo, La Encantadora, Killer Croc, el Capitán Boomerang, Katana) hasta el punto de cambios de comportamiento instantáneos y alentados por NADA (el sacrificio de El Diablo por su 'familia', es un chiste muy doloroso).     

Mención aparte merece la víbora Amanda Waller (Viola Davis), líder de Argus, jefa del Escuadrón y motivo por el que, de encontrarse, el Nick Furia de Samuel L. Jackson y Marvel se mearía en los pantalones.

Aquí David Ayer se encuentra en su salsa, sacando jugo a una hija de Satanás sin filtros, que hace lo que sea para conseguir sus objetivos. Si todos los demás tratamientos fueran tan fieles, otro gallo cantaría en la valoración final del 'Escuadrón Suicida'.
Por último, la amenaza a la que se enfrentan los anti-héroes es otro de los lastres de la cinta. No solo por la enésima vez en que el mundo se encuentra a punto de ser destruido, sino por su enorme parecido visual con otras películas ('Matrix', 'Al filo del mañana', 'Cuatro fantásticos').

Una fuerza de élite como esta merece un villano peor... que lo peor. Uno reconocible a primera vista, sin amasijos de hierros ni soldados zombis que caen como fichas de dominó. Uno que resquebraje los cimientos de cada miembro del Escuadrón, que encarne la esencia misma del mal y les lleve al límite en todos los sentidos.

Para Warner, un consejo: si quieren diferenciarse de Marvel, háganlo de veras, y sean coherentes con el camino elegido, como lo son Stan Lee y compañía.

Lleven su universo hasta las últimas consecuencias, siendo fieles a los personajes de DC, que están llenos de matices y son lo suficientemente ricos como para brillar por sí solos, sin caminar a rebufo de la Casa de las Ideas, impostar oscuridades, decir blanco y hacer negro. Si tan importante proceso les lleva un tiempo ('Los Vengadores' no llegaron en dos días) y tienen que pasar unos años hasta poseer un universo cohesionado, coherente y con identidad propia... mejor ir sin prisa, pero sin pausa.

Como sigan fijándose en lo que hacen los demás y se enroquen en la hipocresía, nunca serán lo que pretender ser, y merecerán cada crítica constructiva que reciban por ir en contra de sus propios intereses.

Lo mejor: Harley Quinn, la selección de canciones y el agradecido sentido del humor.


Lo peor:  todos los problemas de la película no tienen nada que ver con el Escuadrón, sino con la hipocresía de un estudio incapaz de coger al toro por los cuernos y arriesgarse a asumir su propia identidad.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

Críticas de Cine. 'Mascotas': diversión nada original

Póster en español de Mascotas

En un edificio de apartamentos de Manhattan, la vida de Max como mascota favorita corre peligro cuando su dueña trae a casa a un otro perro llamado Duke, con quien Max pronto tiene sus diferencias. Pero ambas mascotas tienen que dejar atrás su rivalidad cuando se enteran de que un adorable conejito blanco llamado Snowball esta reclutando a un ejército de animales domésticos que han sido abandonados, decididos a vengarse de todos los animales domésticos felices y de sus dueños.

En Illumination Entertainment ('Gru', 'Minions'), saben muy bien que el sentido del humor y la diversión son imprescindibles en una cinta animada destinada sobre todo al público más joven, pero también con guiños a los esforzados padres y madres que llenan los cines.

Precedida de un éxito tremendo en su estreno en Estados Unidos, 'Mascotas', presume de unir (y desperdiciar) dos conceptos potentes y cercanos al gran público: las proyecciones que hacemos sobre nuestros animales de compañía y los comportamientos de estos, alentados por su naturaleza.

Así, en una frenética aventura llena de colorido, amistad, humor y acción, la cinta de Chris Renaud y Yarrow Cheney hará las delicias de los amantes de los animales, tanto de los más achuchables y cariñosos (perros, cobayas, conejos), como los menos (gatos, serpientes).

La película captura la esencia del bestiario protagonista, aportando un par de personajes cautivadores pasados de vueltas (el conejo tarado que quiere someter a los humanos y la adorable y contundente perrita adicta a las telenovelas), y otros tantos que despliegan sus gags con desparpajo (el del perro repipi adicto al metal, es una genialidad).

Aunque es indudable su capacidad para hacernos pasar un buen rato, 'Mascotas' se diluye en su propio ruido.

No encontrarán la carga emocional de Pixar, ni el magnífico dibujo de personajes que disfrutamos en la reciente 'Zootrópolis'. No hay segundas lecturas, ni giros... todo se ve venir a kilómetros.

'Mascotas' tira de fórmula hasta sus últimas consecuencias. La envuelve con maestría, alardes técnicos y el oficio de unos expertos en el terreno, pero su preocupante falta de originalidad (que no de oportunismo) se palpa de principio a fin.

El placer momentáneo de su visionado es lo único que les quedará cuando se enciendan las luces.

Sería insólito que los peques les pidieran, con los ojos como platos al estilo 'gatito', un peluche de alguno de los protagonistas.

Lo mejor: divierte.

Lo peor: está demasiado vista.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.


domingo, 31 de julio de 2016

Críticas de Cine. 'Jason Bourne': Greengrass y Damon, imparables

Cartel de Jason Bourne

Jason Bourne ha recuperado su memoria, pero eso no significa que el más letal agente de los cuerpos de élite de la CIA lo sepa todo. Han pasado doce años desde la última vez que Bourne estuviera operando en las sombras. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Todavía le quedan muchas preguntas por responder. En medio de un mundo convulso, azotado por la crisis económica y el colapso financiero, la guerra cibernética, y en el que varias organizaciones secretas luchan por el poder, Jason Bourne vuelve a surgir, de forma inesperada, en un momento en que el mundo se enfrenta a una inestabilidad sin precedentes. Desde un lugar oscuro y torturado, Bourne reanudará la búsqueda de respuestas sobre su pasado.

Escuchar una canción similar, si es condenadamente buena, siempre apetece.

Esto es lo que ocurre con Jason Bourne en manos de Matt Damon y Paul Greengrass. Tras el cambio de rumbo que supuso 'El legado de Bourne', una cinta esforzada e interesante pero tremendamente irregular, el letal agente regresa por todo lo alto en manos de quienes mejor le conocen.

'Jason Bourne' no inventa a nada respecto a las tres entregas con Damon como protagonista.

Con menos preguntas por responder acerca del pasado del ex-desmemoriado activo, y una nueva amenaza que combatir, la cinta de Greengrass enfila desde el minuto uno el camino de la acción a raudales, con escenas tan inventivas y excelsas en su planificación, ejecución y precisión,  que convierten el viaje por el convulso mundo de Jason en todo un manual de cómo hacer la película de acción contemporánea perfecta.

La reaparición de Julia Stiles prende la mecha de una bomba de adrenalina que, si bien no es tan profunda con Bourne y en sus metáforas como las anteriores, nos mantiene pegados a la butaca durante dos horas de máximo disfrute, que desembocan en el clímax más contundente e impresionante que hemos visto en el género en, al menos, un lustro.

Con la franquicia retomada y en plena forma, podemos vanagloriarnos de la aparición de un nuevo personaje que, seguramente, determinará el futuro de la misma: la analista cibernética Heather Lee (Alicia Vikander).

Compleja, astuta y manipuladora, la Vikander se las arregla para darle la réplica al lacónico e implacable Damon, construyendo una relación de medias verdades que enriquecen el ya de por sí estimulante retorno de Jason Bourne: el único e incomparable.

Con semejante fuerza motriz, que vengan todas las entregas que quieran.

Eso sí, con Matt y Paul al timón.

Lo mejor: es pura adrenalina.

Lo peor: el Bourne atormentado y sus motivaciones, se diluyen un poco en favor del ruido.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.