jueves, 23 de marzo de 2017

Críticas de Cine. 'La Bella y la Bestia': la magia, intacta

Póster de La Bella y la Bestia

Adaptación en imagen real del clásico de Disney "La bella y la bestia", que cuenta la historia de una joven que, para salvar a su padre, decide acudir a un castillo y quedar ahí atrapada junto a una bestia maldita.

En el momento en que la maltrecha Walt Disney Pictures más lo necesitaba, surgió 'La Sirenita'. Las aventuras de Ariel abrieron la veda a la edad de oro moderna de la Casa del Ratón, poblada de clásicos animados del calibre de 'Alladin', 'El Jorobado de Notre Dame' y, por encima de todas ellas, la joya de la corona: 'La Bella y la Bestia'.

La película de Gary Trousdale y  Kirk Wise no solo es la mejor en su género (ninguna ha conseguido impactar tanto a público y crítica y, en la actualidad, solo Pixar ha conseguido cotas tan altas de calidad), sino que marcó a más de una generación, cimentando un mito del Séptimo Arte difícil de repetir.

Por ello, la expectación era mayúscula ante la adaptación en imagen real, máxime cuando Disney ha venido metiendo la pata ('Maléfica', 'Alicia en el País de las Maravillas'), acertando a medias ('La Cenicienta'), o de pleno ('El libro de la Selva'), en una montaña rusa de calidad donde, en general, ganaban por goleada los referentes animados.

Pues bien, 'La Bella y la Bestia', es la mejor traslación en carne y hueso del imaginario Disney hasta la fecha. Un auténtico placer para el amante de los musicales que, además, crea en lo que Walt nos vendió, y vaya si compramos, hace 80 años.

Una bestia de mastodóntico diseño de producción, elaborados números musicales y fidelidad casi mimética hacia el original, con la inclusión de elementos nuevos que, en general, enriquecen la historia de esta fascinante mujer, mucho más que Bella, en unos tiempos donde el feminismo no existía ni en las mentes más calenturientas.

Sin embargo, pese al disfrute del relato durante las dos horas de metraje, la magia permanece intacta, pero el calado, el embeleso, el tocarnos en lo más hondo y para toda la vida, se reserva para la original.

'La Bella y la Bestia' brilla con luz cegadora cuando emula al clásico que adapta, trasladando a la realidad con la perfecta combinación de cgis de última generación y las tablas de Broadway, lo que nos mantuvo pegados al asiento allá por 1991; sin embargo, cuando se dedica a añadir se notan los compromisos adquiridos, conscientes e inconscientes, en este mundo de corrección política, cuotas, estereotipos e igualdad malentendida.

Hay que aplaudir que Bill Condon haya roto algún que otro molde
incluyendo, por ejemplo, a un LeFou homosexual en esta superproducción para toda la familia. Pero habría estado bien que no lo redujera al típico y manido estereotipo que convierte su osadía en anécdota para desnortados e intolerantes.

Con todo, Disney coge carrerilla avivando su enorme catálogo animado, sumando dos aciertos consecutivos que nos hacen confiar en que lo mejor, esperemos, está por llegar.

Lo mejor: la exquisita producción.


Lo peor: la sombra del original es inalcanzable.  

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

domingo, 12 de marzo de 2017

Críticas de Cine. 'Kong. La Isla Calavera': blockbuster modélico

Póster de Kong: La Isla Calavera

En los años 70, un variopinto grupo de exploradores y soldados es reclutado para viajar a una misteriosa isla del Pacífico. Entre ellos están el capitán James Conrad (Tom Hiddleston), el teniente coronel Packard (Samuel L. Jackson) y una fotoperiodista (Brie Larson). Pero al adentrarse en esta bella pero traicionera isla, los exploradores encontrarán algo absolutamente sorprendente. Sin saberlo, estarán invadiendo los dominios del mítico Kong, el gigante gorila rey de esta isla. Será Marlow (John C. Reilly), un peculiar habitante del lugar, quien les enseñe los secretos de Isla Calavera, además del resto de seres monstruosos que la habitan.

Tras el irregular retorno de Godzilla en la cinta de Gareth Edwards, y las pretensiones de Warner y Legendary de cruzarlo con King Kong en la monster movie definitiva, muchos teníamos las expectativas por los suelos con 'Kong: La Isla Calavera', retorno del Rey a la gran pantalla tras el estimable remake que nos regaló Peter Jackson.

Pues bien, estamos de enhorabuena, porque nos equivocamos.

'Kong: La Isla Calavera', no es solo la mejor entrega del primate desde la original, sino que reúne absolutamente todo lo que un buen Blockbuster debe tener.

Acción a raudales que no para ni un momento; una selección musical estupenda para meternos de lleno en los 70; Henry Jackman facturando  (esta vez sí) una banda sonora que va más allá de sus habituales marcas blancas; efectos visuales del copón gracias a los magos de ILM; comedia con neuronas, casi siempre volcada en la agradecida presencia del solvente John C. Reilly; imágenes muy poderosas, con especial atención a Kong, aquí el protagonista absoluto de la historia; un libreto justito pero no absurdo (como tantas veces sufrimos en el género).

Para terminar, el grupo de aventureros que se meten en semejante fregado, trascienden un poco más que la carnaza habitual.

No pasan del dibujo mínimo, cierto, pero al menos no sonrojan con sus actuaciones (como suele pasar en el cine de Roland Emmerich o el flipado Michael Bay, en su versión Hasbro) y contamos, además, con un trío protagonista bien ensamblado, cuya actuación completa la implacable presencia de Kong y el bestiario de la dichosa islita.

El militar de Samuel L. Jackson, psicótico adicto a la Guerra, protector de su unidad y enojado por salir por patas de Vietnam, está muy cerca de 'Apocalipsis Now'; Tom Hiddleston no despliega su habitual  carisma (sobre todo como Loki), pero su presencia en pantalla siempre se agradece; por último, la oscarizada Brie Larson no es una chica en apuros que deba ser salvada, sino una aguerrida reportera de Guerra que no se acobarda ante nada.

Además, entre subidón y subidón, hay sitio para alegatos ecologistas, políticos, antibelicistas y, también, animalistas, donde vuelve a quedar patente que el animal más peligroso y estúpido sobre la Tierra, es el Hombre.

Si antes mirábamos con recelo una sesión de guantazos entre Kong y Godzilla, ahora estamos deseando verla.

Eso sí, con la fuerza y contundencia palomitera del primero.    

Lo mejor: sus poderosas imágenes.

Lo peor: desaprovechar a John Goodman ¿a quién se le ocurre?.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

Críticas de Cine. 'GOLD. La gran estafa': ¿mente maestra, o primo con suerte?

Póster en español de GOLD: la gran estafa

Kenny Wells es un fracasado hombre de negocios reconvertido en un moderno explorador, desesperado por tener un golpe de suerte. En un último esfuerzo, Wells se asocia con un geólogo, con la misma poca fortuna, para ejecutar un plan tan descabellado como grandioso: encontrar oro en las profundidades de la inexplorada jungla de Indonesia.

Hace tiempo que Matthew McConaughey abandonó el camino fácil, repleto de comedias fallidas que le dieron fama y dinero, pero hundieron su prestigio hasta hacernos creer que sus primeros trabajos fueron espejismos en el desierto.

Por suerte para todos, el actor dio un golpe de timón en 'Mud' y, desde entonces, mejora con cada nuevo título.

En 'GOLD' se convierte en el principal atractivo de la cinta, transformándose a todos los niveles para alumbrar un carismático personaje del que es difícil apartar la mirada.

Sin embargo, que lo nuevo de Stephen Gaghan pasara sin pena ni gloria en el camino hacia los Oscar, cobra pleno sentido por una sencilla razón: 'GOLD' no está a la altura de su protagonista.

Lo que podría haber sido una fascinante historia de estafadores y estafados (¿o no?), se convierte en un trámite anclado en la fórmula, sin riesgo ni energía.

En cuanto McConaughey sale de plano, resulta difícil implicarse, aguardando hasta el próximo arranque de genio del actor, insuficiente al final, al ser el único que soporta la carga y lustra la función.

Con todos los ingredientes para ser el nuevo 'Lobo de Wall Street', ni Stephen Gaghan es Martin Scorsese ni Edgar Ramírez Jonah Hill. Hasta Bryce Dallas Howard, casi siempre una apuesta segura, apenas pasa del notable cambio físico.

El despiporre se cuenta, pero no se ve con la contundencia del absurdo de aquello que nos cegó, nos ciega y nos cegará por siempre jamás: el poder idiotizador del dinero, maximizado en una época donde los Estados Unidos se comportaban como yonquis adictos a creerse, contra viento y marea, su falaz sueño americano.

Hay oro aquí, sin duda. Pero está tan tratado con sal gorda que, al final, sin el concurso del gran Matthew... no alcanzaría ni el aprobado.

Lo mejor: Matthew McConaughey y su enésima transformación.


Lo peor: el resto rezuma mediocre comodidad.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

domingo, 5 de marzo de 2017

Críticas de Cine. ‘Logan’: el crepúsculo del antihéroe


Póster en español de 'Logan'

En un futuro cercano, un cansado Logan cuida del Profesor X en un escondite en la frontera de México. Los intentos de Logan por esconderse del mundo y ocultar su legado terminan súbitamente con la aparición de una joven mutante perseguida por fuerzas oscuras.

La capacidad de Marvel para sorprender a sus fans es inagotable.
Cuando todo parece indicar que se ha agotado la fórmula, que todo empieza a parecerse demasiado, llega un soplo de aire fresco desde la Casa de las Ideas, que nos hace recuperar la fe y la confianza.

Fue así con ‘El soldado de invierno’, ‘Guardianes de la Galaxia’, ‘Ant-Man’ y ‘Deadpool’ en la gran pantalla; ‘Daredevil’, ‘Jessica Jones’ o la reciente ‘Legion’ hicieron lo propio en televisión.

El legado marvelita continúa en ‘Logan’, una película bienvenida, distinta y contundente.

La papeleta que tenían los mandamases de la Major era difícil:  despedir al mutante más icónico y querido, haciéndole justicia sin perder el norte. Y no solo le decían adiós a él, sino al otro titán sin el que los X-Men no tendrían sentido: el profesor Charles Xavier.

Pues bien, ‘Logan’ supera las expectativas: es mucho mejor de lo que cabría esperar, después de las descendentes entregas anteriores del universo ‘spandex’, hipertrofiado al fin por Bryan Singer en Apocalipsis.

Nadie puede acusar al reparto y equipo de sutileza.

‘Logan’ es la cinta más dura y violenta de Marvel hasta la fecha, con litros de sangre, desmembramientos varios y  palabrotas a diestro y siniestro. Su calificación R está justificada y, lejos de ser gratuita, sirve para ilustrar la triste historia del último viaje del de las garras de Adamantium.

Más allá del brutal e inmersivo escenario, que nos involucra desde el minuto uno, encontramos en ‘Logan’ un trío protagonista absoluto y maravilloso.

Patrick Stewart compone al viejo, cansado, culpable y enfermo Xavier con la majestad del que se sabe actor como la copa de un pino; Hugh Jackman se entrega en cuerpo y alma a su alter ego, demostrando el pleno conocimiento del personaje, sudando y sangrando a chorros para que olvidemos todo lo que habíamos visto hasta ahora.

Por último, la joven Dafne Keen irrumpe en pantalla por la puerta grande. La feral Laura es mucho más que una máquina de matar. Una niña asustada, desprovista de infancia, que no entiende cuál es su lugar en el mundo.  Personaje complejo que no solo sirve para la última redención de Lobezno y el Profesor X, sino que nos atrapa con cada gesto, con cada mirada al infinito.

Por fin presenciamos el western crepuscular/dramón que Lobezno pedía a gritos.

Un personaje tan rico necesitaba quitarse las mallas, escapar de los tópicos acumulados con los años y explotar el talento (casi siempre a medio gas) del magnífico actor que lo ha convertido en inolvidable.

Si la distancia entre Marvel y Dc ya era sideral, la impostada, vacía oscuridad de la segunda palidece ante este implacable puñetazo en la mesa de Stan Lee y compañía.

Un doloroso y sangriento acierto que todo amante del buen cine debe ver. Aunque no le gusten los superhéroes.

Lo mejor: Lobezno y Xavier merecían una historia así.


Lo peor: la escasísima entidad de los villanos, contra recurrente en el género.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

domingo, 26 de febrero de 2017

Críticas de Cine. 'T2. Trainspotting': la resaca de la vida

Póster en español de T2: Trainspotting

Primero hubo una oportunidad… después una traición.
Han pasado 20 años.
Muchas cosas han cambiado, pero otras muchas siguen igual.
Mark Renton (Ewan McGregor) vuelve al único sitio que considera su “casa”.
Allí le esperan: Spud (Ewen Bremner), Sick Boy (Jonny Lee Miller), y Begbie (Robert Carlyle).
Otros viejos amigos también le esperan: pena, fracaso, alegría, venganza, odio, amistad, amor, deseo, miedo, remordimiento, diamorfina, autodestrucción y peligro mortal, todos ellos alineados para darle la bienvenida, preparados para unirse al baile.

Es sencillo afirmar, sin miedo a equivocarse, que 'Trainspotting' es la película más importante e influyente de la interesante filmografía de Danny Boyle. También que catapultó a la fama a Ewan McGregor y creó una suerte de icono cinematográfico que, 20 años después, conserva intacto su frescura y calado.

Lo mejor que se puede decir de 'T2: Trainspotting', es que no arruina el legado de su ilustre predecesora, retomando con honor los destinos de este grupo de miserables en la gran pantalla, aprovechando la madurez de todos y cada uno de los actores que les insuflaron vida.

McGregor, Lee Miller, Bremner y Carlyle han crecido, y sus alter ego también.

Hagámonos una pregunta: ¿nuestra percepción de la realidad es la misma, conforme pasan los años? En condiciones normales, solo hay una respuesta posible: no.

'T2: Trainspotting', es lo que debe ser, con 20 años de diferencia. La juerga sigue ahí, la irreverencia sigue ahí; el genio sigue ahí; la reivindicación, el análisis social, la hipérbole visual... Todo sigue ahí.

Pero igual que nuestra sudadera favorita siendo chavales ya no nos parece tan chula, la cinta de Boyle no apabulla como la primera, al sustituir la flipada ingenuidad por absoluto (y consciente) desengaño.

¿Esto es necesariamente malo? En absoluto.

Gracias a las dos décadas de diferencia, la segunda puede presumir de un acabado impecable, varias escenas para el recuerdo (el Karaoke en el pub, el discurso de Renton con Veronika, cada escena donde Robert Carlyle explota su genio), y un reparto entonado donde todos tienen el control.

La sensación de que el tiempo pasado fue mejor es innegable, pero también lo es esto: aún se tienen cosas que decir, si al otro lado escuchan con el oído adecuado, matizado por el imperturbable pasar de los años.

Sería una necedad esperar el impacto brutal de la primera entrega. Esperar que el tiempo se hubiera detenido, sin afectarnos a todos (espectadores, críticos, cineastas, actores, guionistas) por el camino.

'Trainspotting' era un diamante en bruto. Aquí, Boyle y los suyos, lo pulen como se merece.

¿Mejor, igual, peor? Si a veces cuesta ser el mismo de un día para otro, imaginen en 20 años.

Invadidos por la secuelitis vacía de contenido, la obra de Boyle es dignísima.

Los que amaron la primera, y hace tiempo que cambiaron litrona por gin-tonic, no se verán defraudados.

Lo mejor: se nota el oficio y madurez de todos los implicados.


Lo peor: exactamente lo mismo.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.