domingo, 15 de enero de 2017

Críticas de Cine. 'La ciudad de las estrellas (La La Land)': cautivadora belleza

Póster en español de  'La ciudad de las estrellas (La La Land)'

Narra una tempestuosa historia de amor que se verá obstaculizada por el afán de triunfo de los protagonistas. Mia, una aspirante a actriz que trabaja como camarera, y Sebastian, un pianista de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición por llegar a la cima amenaza con separarlos. 

Con firmeza, Damien Chazelle se está haciendo un nombre cada vez más reputado en el Hollywood contemporáneo. No el de los Blockbusters, sino ese reducto que aún se empeña en hacer películas trascendentales más allá del (legítimo y agradecido, ojo) divertimento palomitero.

Si 'Whiplash' supuso una pequeña obra maestra, con J.K. Simmons y Milles Teller exudando genio, 'La ciudad de las estrellas', hace lo propio con la pareja artística del año: los inmensos Emma Stone y Ryan Gosling, una suerte de química desbordante, talento, simpatía, ternura, credibilidad, oficio y humanidad.

Con un aire de musical old fashion pero, también, anclada a la realidad de la carrera de fondo que supone triunfar en la meca del cine, repleta de sinsabores y obstáculos, la cinta de Chazelle combina los excelentes números musicales (imposible no tararear sus canciones), la omnipresente belleza visual (donde destacan un diseño de producción tan sutil como preciosista, y la excepcional fotografía) y el despliegue de magia, con una historia de amor veraz, emotiva y sincera.

Si la película nos atrapa desde el primer minuto, cuando llega al final caemos rendidos de pura admiración, pues el desenlace resulta tan bienvenido, inesperado (¿o no?), realista... mágico.

A todos los que beban y vivan cine, les cautivará.


 A los amantes del género, que busquen sentir el feeling de un buen musical con mensaje y trasfondo, también.

Estamos de enhorabuena. En el firmamento de la ciudad de las estrellas, brilla una más, con luz cegadora y plena energía.

Lo mejor: Stone y Gosling, mayúsculos.

Lo peor: en algunos números musicales que lo piden a gritos, se echa de menos un pelín de desenfreno.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

Críticas de Cine. 'Underworld. Guerras de sangre': se agotó la fórmula

Póster en español de 'Underworld: Guerras de Sangre'

Nueva entrega de la franquicia Underworld, en la que la vampira Selene (Kate Beckinsale) deberá defenderse de ataques brutales de los dos clanes, el de los Lycans y el de los Vampiros que la traicionaron. Con sus únicos aliados, David (Theo James) y Thomas su padre (Charles Dance), ella debe detener la guerra eterna entre Vampiros y Lycans, aunque signifique tener que hacer un último sacrificio.

A estas alturas de la guerra entre Vampiros y Licántropos, muchos esperábamos un desenlace a las aventuras de Selene. Un broche digno que cerrara el círculo y nos dejara un buen sabor de boca en una saga que, en general, ha superado en todos los aspectos a su competidora: el 'Resident Evil' de Alice y compañía.

Pues bien, ni el viaje se acaba ni podemos alegrarnos de presenciar una buena entrega de la franquicia.

En 'Underworld: Guerras de Sangre' todo ocurre porque sí y con desgana: la melé entre las dos razas se reduce a una disputa barriobajera donde cada uno se limita a fardar de 'lo grande que la tiene' en un saloncito muy cuco, dejando fuera del conflicto al anonadado espectador que, incapaz de conectar, se ve abocado a presenciar los grandes éxitos de anteriores entregas, dispuestos sin gracia ni oficio en ésta.

Ni siquiera la presencia de Kate Beckinsale salva los muebles: su Selene está tan cansada y perdida como todos sus compañeros de reparto (lo de Theo James y su pose de 'muñeco Ken', es de juzgado de guardia), nuevos y viejos.

Si el carisma, oficio y empuje de la actriz sirvió para tapar los agujeros de anteriores entregas, aquí se reducen al mínimo imprescindible: al recitar con desgana las frases de un libreto imposible.

Por si esto fuera poco, al espectáculo, de tan mal montado y filmado que está por la televisiva Anna Foerster, se le ven las costuras, acrecentando su condición de serie B donde se repiten ad infinitum decorados, vestuarios y postureos.

Todo enlatado sin imaginación pero con mucha cara, fotocopiando con poco toner esquemas de insignes fantásticos (ejército vampírico de 'Elfos' hippies incluido).

Noventa minutos desperdiciados con (hay que tener valor) final abierto.

Salvo milagros artísticos acaecidos en la siguiente película, 'Underworld' está tan muerta como sus protagonistas.

Lo mejor: el prólogo.

Lo peor: su exasperante desgana. 

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Críticas de Cine. 'Passengers': solos en la inmensidad

Cartel de Passengers en español

Jim y Aurora son dos pasajeros a bordo de una nave espacial camino de una nueva vida en otro planeta. El viaje cobra un giro letal cuando sus cápsulas de hibernación misteriosamente los hacen despertar 90 años antes de alcanzar su destino. Al tiempo que Jim y Aurora intentan averiguar el misterioso motivo que se esconde tras el fallo ocurrido, incapaces de negar su intensa atracción, empiezan a sentir algo el uno por el otro… aunque bajo la amenaza del inminente colapso de la nave y el descubrimiento de la verdad que se esconde tras su súbito despertar de la hibernación.

Jennifer Lawrence y Chris Pratt son dos de los actores más influyentes del Hollywood actual, y cualquier proyecto cinematográfico que cuente con ellos despierta interés. Más cuando se trata de ciencia-ficción en la inmensidad del Universo.
 
En 'Passengers' hay dos cintas enfrentadas, ambas con tremendo potencial desaprovechado.

Si bien la primera hora constituye lo mejor de la película, con un sólido Chris Pratt explorando su faceta dramática, envuelto en un terrible dilema moral, deprimido, engullido por un agujero de emociones contrapuestas, y una puesta en escena exquisita donde brilla con luz propia el majestuoso y pulcro diseño de la nave, a partir de la segunda 'Passengers' viaja hacia territorios de sobra conocidos, explorados y millones de veces vistos.

Cuando explota el conflicto, esta Space-Opera romántica apenas saca partido al inmenso talento de Jennifer Lawrence y la mina de oro que es Aurora, y diluye el de Pratt, que viaja desde el humano atribulado sepultado por la culpabilidad, hasta  el convencional héroe protector.

Aquí, la cinta de Mortem Tyldun está más cerca de cualquier película de catástrofes que, pese a su espectacularidad (para el recuerdo quedan las escenas en gravedad cero), apenas dibuja lo fundamental e imprescindible para que signifique algo más allá de un espectáculo aseado: las consecuencias, recovecos y dilemas de la relación entre los protagonistas.

Casi con urgencia, el viaje alcanza su cantado final (con tontísimo momento incluido gracias a un 'escudo' que ya lo quisiera el Capitán América, por cortesía del guionista Jon Spaihts, que no agotó todos los sinsentidos narrativos en 'Prometheus', al parecer) desplegando una moraleja amable (pero simplista), que no hace justicia al sufrimiento de Jim y Aurora.


Con un planteamiento diferente, podríamos estar ante el dramón humanista del año, pero hemos de conformarnos con lo que 'Passengers' es: un cúmulo inacabado de buenas intenciones.

Lo mejor: Chris Pratt, el dilema moral y la puesta en escena.

Lo peor: se queda a medio camino... de todas partes.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.
 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Críticas de Cine. 'Rogue One. Una historia de Star Wars': estupendo revulsivo

Póster de 'Rogue One: una historia de Star Wars'

El Imperio Galáctico ha terminado de construir el arma más poderosa de todas, la Estrella de la muerte, pero un grupo de rebeldes decide realizar una misión de muy alto riesgo: robar los planos de dicha estación antes de que entre en operaciones, mientras se enfrentan también al poderoso Lord Sith conocido como Darth Vader, discípulo del despiadado Emperador Palpatine. Film ambientado entre los episodios III y IV de Star Wars.

Salvo Warsies militantes, el público en general piensa lo siguiente de la saga (ahora franquicia) galáctica: los episodios IV y V son maravillosos, el VI tiene sus momentos, las precuelas se olvidan con facilidad y 'El despertar de la Fuerza', es un magnífico (pero nada novedoso) remake de 'La Guerra de las Galaxias'.

Por tanto, a la hora de expandir los territorios ya conocidos y dar nuevos aires a la Rebelión, resultaba imprescindible innovar, alejándose un poco de los cánones mil veces vistos.

Pues bien, 'Rogue One', busca echar tierra de por medio con la saga madre, adquiriendo su condición de spin-off también en las formas, acertando de pleno en momentos puntuales (atentos a la ambientación y la fotografía), y fallando estrepitosamente en otros.

Conviven dos películas claramente diferenciadas: durante el primer y segundo acto  asistimos a un jaleo de turismo galáctico y tormentas paterno-filiales, donde solo brillan con luz propia Felicity Jones y Diego Luna (un terrorista con remordimientos), líderes de un Escuadrón multicultural de secundarios de enorme potencial, pero apenas dibujados, salvo notables excepciones (Donnie Yen y el implacable villano encarnado por Ben Mendelsohn).

Los peores tics de la saga afloran aquí: humor idiota, exceso digital (pobre Peter Cushing ¿tanto costaba omitir el personaje o buscar a otro actor que diera el pego? ¿No aprendió Disney con el monigote digital de Jeff Bridges en 'Tron: Legacy'?), planetas y más planetas y más planetas y más planetas (un nombre chulo no hace un planeta. Una pose cool no hace una cultura); el trooper y sus mil versiones como epítome de soldado inepto, el dichoso robot molón y sus chascarrillos... demasiadas fichas desplegadas en un tablero inestable.

Pero el bendito tercer acto, donde milagrosamente convergen los acontecimientos, es sin duda lo mejor que hemos visto en la gran pantalla desde 'El imperio contraataca'. Semejante traca final reivindica a 'Rogue One', su director, guionistas, elenco y equipo técnico.

El 'normando' desembarco es puro cine bélico, la batalla espacial nos mantiene en vilo; un Darth Vader (por fin) aterrador pone los pelos de punta, los guiños al fandom y variados cameos suman, el retumbar musical de la banda sonora de Michael Giacchino brilla; Jyn Erso se crece, disputando con Leia y Rey el trono a la mejor heroína galáctica; el círculo se cierra, llenando los huecos entre los episodios III y IV, con un final donde solo nos quedará aplaudir y agradecer el viaje.

Todo en el desenlace es una delicia para amantes del cine espectacular, y un paso adelante tras el revival del episodio VII.

Lástima que el tono del clímax no se desplegara durante todo el metraje. De ser así, en el firmamento del fantástico reinarían en paralelo dos entregas de Lucasfilm: 'El imperio contraataca' y 'Rogue One'.

Quizás en el Episodio VIII o la aventura de Han Solo en solitario absolutamente todo encaje y Star Wars vuelva donde debe estar, y en 'Rogue One' se ha acercado: a la altura de su mítico legado.

Lo mejor: el tercer acto, una auténtica genialidad.

Lo peor: la recreación digital de dos iconos, no les hace justicia.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Críticas de Cine. 'Hasta el último hombre': objetor en guerra

Póster en español de 'Hasta el último hombre'

Narra la historia de Desmond Doss, un joven médico militar que participó en la Batalla de Okinawa, en la II Guerra Mundial, y se convirtió en el primer objetor de conciencia en la historia estadounidense en recibir la Medalla de Honor del Congreso.

Tras varios años envueltos en polémicas personales, la carrera artística de Mel Gibson, sin prisa pero sin pausa, vuelve a lo más alto.

En esta ocasión, recalca su buen hacer detrás de las cámaras, donde el australiano ha pulido sus dotes para la dirección con cada nuevo filme, desde su ya lejano y estimulante debut con 'El hombre sin rostro'.

'Hasta el último hombre', supone el caldo de cultivo idóneo para que Gibson despliegue las señas de identidad de su cine: un tema controvertido (en este caso, la presencia de un objetor pacifista que rechaza la violencia y las armas, en una guerra sangrienta y sin cuartel), una arenga/sermón/lección moral constante y poco abierta a interpretaciones (muy pocos son ajenos a las inclinaciones político-religiosas del cineasta) y, cómo no, la posibilidad de desplegar un espectáculo cinematográfico que nos deje atónitos.

Apoyado en el acertado elenco protagonista (con especial atención al talentoso Andrew Garfield como Desmond Doss, el siempre magistral Hugo Weaving y, por último, Vince Vaughn, que sigue potenciando su faceta dramática, aunque también pone la nota de humor de la cinta) y la cuidada producción, Gibson relata las peripecias de Doss con garra, alumbrando las escenas bélicas más contundentes, impresionantes, cruentas y explícitas de los últimos años, a la altura épica de otros clásicos modernos del género como 'Salvar al soldado Ryan'.

La tremenda contraposición en imágenes del pacifismo frente a la barbarie logran que el discurso de Gibson nos cale hondo.

Una obra descarnada que habla de amor, perdón, pérdida, expiación de los pecados, valor, humanidad, fraternidad, honor y el Infierno en la Tierra que supone un conflicto armado para los soldados y sus allegados.

'Hasta el último hombre', no es solo la mejor película del enérgico Gibson desde 'Braveheart', sino también el mejor drama bélico de la última década.

Lo mejor: las escenas bélicas y la claridad de su mensaje.


Lo peor: algunos secundarios piden a gritos desarrollar sus personajes. 

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.