sábado, 24 de septiembre de 2016

Críticas de Cine. 'El Gruñón': choque generacional

Póster en español de 'El Gruñón'

El Gruñón es un cascarrabias que piensa que todo tiempo pasado fue mejor.
Todo lo que ha sido hecho después de 1953 lo enfurece…
La historia comienza cuando por una caída en las escaleras tiene que ir a vivir con la familia de su hijo en Helsinski, una ciudad moderna, lejos de su entorno.
Su nuera es una mujer de carrera que no tiene tiempo para perder con el Gruñón y su hijo un inútil afectivo que jamás pudo contar con su padre. Las cosas se complican cuando el Gruñón decide ayudar a su nuera a cerrar un trato con unos empresarios rusos y mejorar la relación con su hijo. ¡Y seguro que a alguien le arruinará el día !

El cine nórdico, en las últimas dos décadas, nos ha regalado grandes películas, que han catapultado al estrellato a actores y actrices que, en la actualidad, triunfan internacionalmente.

No obstante, resulta raro y bienvenido encontrar una dramedia que destaque sobre el cine negro, la acción gamberra y el thriller, marcas de la casa que llegan cada año desde Finlandia y el resto de la gélida y recta Escandinavia.

'El Gruñón' supone el divertido, ácido, profundo y emotivo choque generacional de un viejo cascarrabias, insoportable, machista y puñetero, enfadado con el mundo desde la muerte de su mujer y los achaques de la edad que, sin prisa pero sin pausa, van restándole orgullo y autonomía.

Pese a su enérgica resistencia, se ve obligado a vivir con su hijo y su nuera, un matrimonio moderno afectado por los avatares de la neurótica Sociedad acomodada, donde este Gran Torino que vino del frío es un pez fuera del agua, desencadenante de un cúmulo de situaciones rocambolescas donde la forma simple de ver la vida, centrada en la acción y los hechos, choca con los postulados de los políticamente correcto donde hay que ir con pies de plomo.

'El Gruñón' no es solo una sátira llena de surrealistas momentos para partirse de risa, que funcionan a la perfección; Dome Karukoski arma también un melodrama convencional de enfrentamiento paterno-filial bien construido que, combinados, nos enfrentan a la reflexión inevitable del destino al que nos dirigimos como Sociedad: derechitos al abismo.

El buen hacer del trío protagonista (con especial atención a Antti Litja como indiscutible protagonista, que consigue meternos de lleno en la historia e implicarnos en la debacle que supone el pozo generacional) completa este pequeño milagro finlandés, disfrutable de principio a fin, donde veremos reflejados muchos de nuestros enfrentamientos con nuestros mayores.

Lo mejor: la negociación con los rusos.


Lo peor: la comedia brilla por encima del melodrama, descompensando el resultado final.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

'Morgan': ciencia idiota

Póster en español de Morgan

Una compañía tecnológica crea una inteligencia artificial, sin ser conscientes de su verdadero potencial. Cuando las cosas comienzan a salirse de su control, deciden contratar a una especialista (Kate Mara) para determinar si acabar con la criatura o mantenerla encendida.

"Ciencia: conocimiento ordenado y, generalmente experimentado, de las cosas".

Luke Scott, hijísimo de Ridley Scott, se estrena detrás de las cámaras con una cinta de ciencia-ficción de Serie B oscura, sutil y controvertida, de estupendo planteamiento y moraleja de calado, que mira a otras cintas del género como  'Ex Machina' y 'Terminator', y pretende ser la continuación del legado cinematográfico de la familia.

Aunque muchos firmarían porque todo lo anterior fuera verdad, lo cierto es que la primera incursión de Scott Jr. está más cerca del cine fallido de su padre en la última década (salvando 'The Martian'), que de los tiempos del temible octavo pasajero.

Tras visionar 'Morgan', es imposible no pensar que a Luke Scott, el concepto de 'Ciencia' se la trae al fresco.

Lejos de plantearnos una historia bien hilvanada en torno a algo tan complejo, moralmente discutible y discutido y, sin duda, excepcionalmente insólito como la creación de una nueva forma de vida, el joven director se pierde en una montaña de clichés andantes y parlantes, cuyas decisiones son tan idiotas que ni los chicos de 'Big Bang Theory' las padecerían en la célebre sitcom.

Los científicos de 'Morgan' son los mismos que sufrimos en la estrambótica 'Prometheus': cerebritos inadaptados, presuntos expertos en su campo, pero carentes del mínimo sentido común.

Los típicos idiotas que ven algo extremadamente peligroso delante y, en lugar de analizarlo de forma ordenada realizando las pruebas necesarias (algo que haría un, adivinen, ¡científico!), dicen 'tira, que seguro que no es nada y, total, hemos desarrollado lo imposible para luego comportarnos como cenutrios que caen como las moscas de un slasher cualquiera'.

Tras la acertada introducción, 'Morgan' pierde fuelle sin remisión.

Aparte de la estupidez generalizada,  el humor soso, infantil y predecible (esto también lo ha aprendido Luke de su padre), las frías interpretaciones de un elenco con el que es imposible empatizar, y el abrupto desenlace... nos quedan noventa minutos de ridículas piruetas de un guion que todos (menos los ciencia-lerdos del laboratorio) vemos venir a kilómetros.  

Como ópera prima bien facturada, 'Morgan' aprueba por los pelos. Pero si Luke Scott pretende que le tomemos en serio como director y guionista, y no 'hijo de', aún tiene mucho que aprender.

Quizás le convenga estudiar otros referentes, más allá de la alargada sombra de Scott Free.

Lo mejor: promete mucho.


Lo peor: es tan tonta, que sonroja.    

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Críticas de Cine. 'For the love of Spock': el hombre tras el Icono

Imagen de For the love of Spock

Documental biográfico centrado en la figura del actor Leonard Nimoy, mundialmente conocido como Spock en la longeva 'Star Trek'.

Prácticamente a cualquiera que le mencionen 'Star Trek', sea o no seguidor de la longeva saga, asociará ésta a la figura, el saludo, los valores y la filosofía de Spock, interpretado durante casi 50 años (hasta su fallecimiento) por Leonard Nimoy.

Adam Nimoy, hijo del actor, repasa la vida de su progenitor en 'For the love of Spock', un maravilloso documental apto para trekkies y no trekkies, donde desgrana paso a paso la vida de un tremendo artista y persona llena de inquietudes, virtudes y defectos.

A través de entrevistas a quienes le conocieron (sus compañeros de reparto y equipo en 'Star Trek', sus colegas de profesión, su familia y amigos, directores de la talla de Nicholas Meyer o J.J. Abrams, científicos influenciados por el Vulcano de orejas puntiagudas, fans a lo largo y ancho del globo) y documentos audiovisuales, la polifacética personalidad de Nimoy y el significado e influencia de su alter ego a través de cinco décadas, es analizada sin tapujos, derrochando humanidad y repasando acontecimientos que formarán parte de la cultura pop por los siglos de los siglos.

Aunque 'Star Trek' y su mitología, están muy presentes durante las dos horas de metraje, 'For the love of Spock' se centra en la impresionante aventura de un hombre valiente y tenaz, que cumplió sus sueños y también lidió con los problemas y presiones del éxito (penurias, concesiones poco artísticas en pos de la subsistencia, su adicción al tabaco y al alcohol), para renacer de las cenizas gracias al amor de su mujer, familia y amigos.

Adam Nimoy plasma aquí la estrecha y tortuosa relación paternofilial y todo lo que su padre significaba, tanto dentro como fuera del escenario:  la carta de amor final, fraguada durante años de relación con tantos altibajos, como calado emocional e imperecedero.

Un documento digno de visionado, facturado con cuidado, cariño y familiaridad, cuyo significado vital y emocional va más allá del género, llegando con audacia al interior del hombre... detrás del Icono.

Lo mejor: el emotivo repaso a la trayectoria profesional y vital de un hombre extraordinario.

Lo peor: para los conocedores de 'Star Trek' resultará edulcorado, sobre todo en cuanto a la relación Nimoy-Shatner.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano. 

Críticas de Cine. 'Juego de armas': hipocresía y balas

Cartel de Juego de Armas

Dos jóvenes porreros de Miami se convierten en traficantes de armas para el Gobierno de Estados Unidos tras ganar, de casualidad, un contrato por valor de 300 millones de dólares para suministrar armas a sus aliados en Afganistán.

La guerra es un negocio. La guerra es un filón. La guerra es un vergel donde la muerte de unos, significa la prosperidad de otros.

Cualquiera de las afirmaciones anteriores es tan cierta y veraz como la transformación de la fórmula de Todd Phillips, agotada tras los Resacones y necesitada de un cambio drástico antes de iniciar el camino sin retorno del artista prometedor que, finalmente, no sabía hacer nada más.

'Juego de armas' establece el reinicio y redención del cineasta, que no huye de su particular visión de la comedia pero, a la vez, la utiliza como aderezo en esta dramedia basada en hechos reales crítica, hiperbólica y también perfectamente plausible en los tiempos que corren, donde el tope de lo absurdo se eleva a diario, con un techo incierto, y aterrador.

La película se apoya en varios pilares que funcionan a la perfección: la pareja protagonista, con el desatado y caricaturesco Jonah Hill a la cabeza, exuda química y se compenetra a la perfección como las dos caras de una misma moneda; la irónica y sarcástica voz en off y su estructura de flashback de dos horas agilizan la narración, que no para ni un momento, aunque nos permite reflexionar por el camino; Phillips se vuelca en la acción, bien planificada y ejecutada, tan absurda como posible en un mundo donde las armas pueden encontrarse en internet y dos jóvenes sin oficio ni beneficio se forran viviendo la cara B del Sueño Americano, en una jungla de intereses, dinero, hipocresía y balas.

En este Hollywood  de remakes, reboots y sagas interminables, se agradecen películas significativas, con un mensaje más allá de la misma historia continuada, regenerada, o plagiada sin ningún pudor.

'Juego de armas' invita a aceptar, abrazar y reflexionar sobre la puntillosa crítica contra el lucrativo negocio de la guerra, donde los valores se diluyen, tergiversan y pervierten por todos los implicados en armar a unos y otros, con el dinero como única e indiscutible Alma mater.

Desde los despachos de los altos cargos del Gobierno hasta las polvorientas carreteras afganas, la podredumbre moral, aún vestida de irreverente comedia repleta de situaciones rocambolescas, no deja de serlo.

Resurgiendo de sus cenizas, Phillips consigue plasmar el mensaje, reciclarse y vivir una segunda juventud con películas, esperemos, muy parecidas a esta.

Lo mejor: hay crítica, y no es superficial.

Lo peor: está claro que Phillips tiene maestros en los que fijarse, quizás demasiado, como Martin Scorsese.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Críticas de Cine. 'Ben-Hur': innecesario remake


Cartel en español de 'Ben-Hur'

Nueva adaptación de la novela homónima de Lewis Wallace (1880), que narra la amistad que con los años se convierte en terrible rivalidad entre el noble judío Ben-Hur y el romano Messala.

El orden de los factores, cinematográficamente hablando, sí alteran el producto.

Cuando, además, hablamos del remake de una de las películas más queridas, influyentes y recordadas de la historia del Séptimo Arte, mejor andarse con pies de plomo.

El director Timur Bekmambetov, por tanto, era una elección controvertida de cara a alumbrar para las nuevas generaciones una historia tan emocional como la de Ben-Hur y Messala.

Con la película terminada, es difícil culpar por completo al cineasta (probablemente mercenario) del patinazo de este 'Ben-Hur', que cumple en sus apartados técnicos, pero se hunde profundamente en los artísticos.

En un verano plagado de Blockbusters fallidos (solo 'Ghostbusters' y 'Star Trek: más allá' pasan el corte con solvencia, que no brillantez), 'Ben-Hur' evidencia todos y cada uno de los males del Hollywood moderno.

Políticamente correcta y 'blandita'; estúpida en su discurso; cobarde en el tratamiento de la violencia y el desarrollo de los personajes, e incapaz de mirar hacia adelante, reciclando una y otra vez éxitos pasados, esperando que el público trague (en este caso, el 'Gladiator' de Ridley Scott sirve de plantilla, y no el clásico de Charlton Heston, más ácido, moderno e inteligente).

Pese a la cuidada factura (espectacular la carrera de cuadrigas), la esforzada interpretación de Jack Huston y el esfuerzo general (casi siempre en vano) por no arruinar el recuerdo del original, 'Ben-Hur' es el remake más innecesario e injustificable de los últimos años.

Quizás el público está harto de tantas historias envueltas a lo grande, pero repetitivas y carentes de alma.

Quizá los grandes estudios deberían dejar campo libre a los directores y no cortarles las alas de la creatividad; quizás asistimos a los últimos estertores de un género moribundo que necesita urgentemente de un reinicio.

'Ben-Hur' entretiene, pero trasciende más allá de la gran pantalla como síntoma de la enfermedad contemporánea del cine de multisalas, y no como la justificada, arriesgada y enérgica revisión de las desventuras del príncipe judío... que es lo que algunos que aún creemos en la magia del cine, esperábamos de este Hollywood que dice progresista... y hace santurrón.

Lo mejor: la carrera de cuadrigas.


Lo peor: imposible justificar su existencia con criterios artísticos.

Por: Eduardo Bonafonte Serrano.